La chica que lee (y el chico que sale con ella)

Publicado 23 septiembre, 2011 por Vanessa Puga
Hoy leí, gracias a una querida amiga mía y colaboradora, un texto titulado “Salir con chicas que no leen/Salir con chicas que leen”, escrito por dos autores: Charles Warnke (chicas que no leen) y Rosemary Urquico (chicas que leen). El texto me cautivó pues, particularmente entre las letras de Urquico, me identifiqué a la perfección.
Desde que tengo memoria leo y escribo. Y eso me ha traído dolores de cabeza en más de una ocasión. Pocos eran los hombres que realmente entendían esa pasión mía por las letras. Hubo incluso quién llegó a llamarme “loca” y no sólo como una broma, sino como verdadero peyorativo. Me he enfrentado a quienes desean que deje de leer y que mi pequeño grito ahogado de emoción ante un ejemplar anhelado es absolutamente absurdo.
Por fortuna eso ha quedado atrás y una de las partes más relevantes de mi vida actual son las letras. ¡Y la gente que lo entiende a la perfección y comparte y alimenta mi pasión!
Creo que el texto de la chica que lee me queda casi como anillo al dedo, pero también creo que es importante reconocer al hombre que sí sale con la chica que lee (y mejor aún, que lee él también): ese que anda buscando los libros que su chica le ha dicho una y mil veces que muere por leer para regalárselos en Navidad y verla sonreír, sin burlarse por el gritito ahogado de emoción.
Hay que reconocer al chico que, ante la desesperación de ella, es capaz de buscar dónde está el último ejemplar del libro que ella anhela y que está dispuesto a ayudarla a importarlo desde otro país o a ir a pie bajo el sol candente a una casucha que es la distribuidora de una editorial para comprarle *ESE* libro tan difícil, en vez de decirle que se conforme con las fotocopias del ejemplar maltrecho de una biblioteca.

Hay que reconocer al chico que entiende que una chica que lee se puede sumergir de lleno en la lectura e ignorarlo, por un momento, en lo que llega al punto o completa la idea, ése que no se encela por ser pasado a segundo plano en un par de ocasiones, ya que entiende que volverá a ser el centro del mundo cuando ella llegue al punto.

Hay que reconocer al chico que, por entender esas pasiones despertadas por las lecturas, empieza a leer los textos que ella ya se sabe de memoria para tener los marcos de referencia respecto a ésta o aquella idea que le ronda en la cabeza a su chica.
Hay que reconocer al chico que promueve que su chica siga leyendo ¡y escribiendo!  ¡Oh, sí! Eso también es muy importante, pues, si bien Urquico concluye: “Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee. O mejor aún, a una que escriba” yo puedo concluir que hay que salir con un chico que te respete por leer, porque te lo mereces: te mereces un hombre capaz de ponerte los lienzos para colorear tu vida, para descubrir juntos esos mundos que hay más allá. Y mejor aún, si entre los dos los escriben.
Entrada publicada originalmente el jueves 26 de mayo de 2011 en “Cartas para Nadie”

4 comentarios el “La chica que lee (y el chico que sale con ella)

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