Crónica de una espera no anunciada

Publicado 2 octubre, 2011 por Vanessa Puga

Los equipos estaban trabajando lo más rápido posible, algunos simplemente afinando detalles, otros literalmente a marchas forzadas para poder sacar el trabajo a tiempo para presentarlo.  Ya es viernes, 30 de septiembre de 2011.  El último día del Taller de Aplicaciones Digitales para el Periodismo Cultural en el que 20 periodistas latinoamericanos han tratado de romper sus esquemas de antaño para construir nuevas narrativas.

El maestro, para poner a todos de buenas, sugirió que todos, por turno, fueran poniendo alguna canción desde sus computadoras. La música inundó la sala donde, todos frente a sus pantallas, empezaron a marcar el ritmo en uno u otro momento, tratando de cualquier forma no perder la concentración y ultimar los detalles para sacar avante sus proyectos.

Habemos algunos, los menos, que ya no tenemos realmente mucho más por hacer. Sólo esperar. Si acaso disfrutar de la música, tan variada como gente hay en esta sala trabajando.

Consideremos lo siguiente: el grupo está conformado por gente de Argentina, Colombia, México y Venezuela. Y no todos los mexicanos provienen del Distrito Federal: Tamaulipas, Nuevo León y Culiacán también están representados en este grupo. Así que pasamos por cumbias, banda, pop y hasta electrónica (nada más para echarle un poco más de nervios al estrés, ¿por qué no?).

Detalles, detalles, buscando ser afinados, buscando ser concretados. Que si los links se rompen, que si no conecta con lo que uno quiere, que si se pierde la continuidad del proyecto, que si el video no está editado, que si el equipo no está trabajando como tal… de todo un poco. La música electrónica suena más fuerte y acelerada y uno de nuestros compañeros empieza a chiflar, la verdad es que la música no ayuda a relajar, sino a poner más de nervios a todos. Alguien se levanta y le baja.  Alguien más prende y apaga las luces rápidamente para que parezca antro. Ante la amenaza de que la canción electrónica dura como 20 minutos, una de mis compañeras se levanta y pone algo más animado y menos estresante. “Pongamos una canción simpática” me dice sonriendo y se levanta para desconectar el iPhone y conectar su computadora. Algunos se ponen a bailar y el ambiente se siente más animado.

Unos miembros del equipo 3 nos pide que nos desconectemos de Internet pues tienen que subir un video a YouTube tan pesado que la pobre banda ancha con la que nos han proporcionado para el curso no va a soportarlo (la verdad es que el Internet ha apestado todo el curso, ironía de la vida dado que estamos en un taller de aplicaciones digitales). ¡Aaaaah! Hay que presentar. Ya son pasadas de las 6:00 p.m. y nada más no hemos empezado con la presentación de los proyectos.  El último jalón parece que se nos empieza a hacer cuesta arriba. ¡Vamos, vamos! Ya no nos falta tanto. Una nueva canción empieza a sonar. Ya hay más gente relajada, conforme los detalles se van afinando y vamos siendo más los que esperan que todo se resuelva, el ambiente versa entre la tensión y la expectativa.

A las 6:30 p.m. los maestros apagan la música y llaman nuestra atención. Vamos a iniciar con un ejercicio para que los videos que tienen que terminar de subirse, se suban.

Carlos, el coordinador de todo el evento, ya está igual que todos los demás, el cabello despeinado en look de científico loco, y es que justo así está: loco con la creación de un sitio web que dé testimonio de todo el trabajo que se ha realizado a lo largo del taller.

Claro está que los participantes perdimos el glamour mucho antes que él.  Regresa Guillermo de salir brevemente. Vamos a iniciar. ¡Oh, Dios! De verdad es el principio del final.

Un par de anuncios: la cena, cuándo anuncian el ganador de la beca a España, detalles, más detalles. Suficientes detalles para sacar de quicio a quien sea. Esta espera es latosa. Los que aún no tiene todo listo, van contra reloj “apúrate, compu, apúrate”. Los que estamos mano sobre mano (o dedos sobre teclas, como es mi caso, tecleando estas incoherencias en la pantalla) sólo pedimos que ya termine, esta espera monstruosa, ya por favor. Empiecen, empiecen de una vez.

Y entonces… fuera luces, prender proyector unos ejercicios para tener algo que hacer en lo que la espera termina al fin. Vamos a comenzar.

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