Tinta roja

Publicado 28 octubre, 2011 por Vanessa Puga

Inspirado en La toilette de

Henri Toulouse-Lautrec

 

Mi madre insiste en mentirme. Dice que soy bonita. Dice que llamo la atención de los hombres. Si eso fuera cierto ¿por qué ningún muchacho se atreve a hablarme, o mirarme siquiera?

Ya tengo diecisiete años. De verdad estoy harta. No es que me moleste el hecho de nunca haber llevado al amor hasta lo más carnal. Pero no haber dado nunca un beso es ridículo.

Por eso hoy tomé la decisión. Me encerré en mi cuarto y me despojé de casi toda mi ropa. No me quité las calcetas. Odio su azul marino, pero más odio la deformidad de mis pies. ¡Son tan estúpidamente grandes! Tampoco solté mi cabello. Su rojo encendido me desagrada, entre menos se vea es mejor.

Me vi ante el espejo, prácticamente desnuda. Con razón nadie se me acerca: parezco muerta de tan blanca. Poco me falta para ser transparente. No. Ni siquiera eso. Si fuera así por lo menos se vería el color de mis venas. Más bien parezco hoja de papel. ¿Quién se va a fijar en un pedazo de papel en blanco?

Tomé una cobija de mi cama. La sábana blanca hasta con color se ve a mi lado. Envolví con ella mi entrepierna. Sentada en silencio frente a mi reflejo comprendí porque le desagrado a los muchachos: ese cabello encendido contra el marfil insulso de la piel era repulsivo. Necesitaba equilibrio entre ambos.

Miré a mi alrededor. Sobre el tocador me observaba impávido el maquillaje. Sin embargo, yo sabía que era inútil. Lo usaba a diario, sin que por ello le diera vida a mi pergamino.

Entonces mi mirada recayó sobre ella, en mi escritorio. Mi magnífica pluma fuente. La idea parecía emanar del tintero: si mi piel parece papel, quizá escribiendo sobre ella me arregle. Por eso escribo esto en mis piernas, en mis muslos, en mi cadera, en mis senos. A ver si escribiendo mi desilusión, mi cuerpo traga la tinta y adquiere color.

Mi mamá empezó a gritar. Después de forcejear un poco, abrió la puerta de mi cuarto. No sé cómo botó el seguro. Tampoco sé por qué se ha puesto tan histérica al verme. Balbuceó algo acerca de conseguir ayuda mientras bajaba las escaleras corriendo.

No necesito ayuda. Ahora ya hay equilibrio entre mi cabello y mi piel. Es cierto, duele ser bonita. La pluma fuente desgarra la piel. Mas es tan bonito el color carmín. Ya no parezco hoja blanca. Ahora los muchachos me van a buscar. Oigo pasos en las escaleras. Finalmente el mundo me busca.

Febrero, 2003

2 comentarios el “Tinta roja

  • Me gusta tu relato, pero tiene una pequeña inconsistencia de tiempo: todo el relato está narrado en pasado, como si fuera contado desde un tiempo después, pero las últimas dos frases están en presente. Creo que le quita fuerza y le rompe la unicidad, por llamarlo así, a que se refieren todos los grandes escritores, que debe tener un relato breve. saludos,

    • ¡Gracias por la observación! Sí está en presente el final porque se supone que la protagonista narra desde tiempo atrás hasta su “ahora” aunque checaré si conviene dejarlo todo en pasado. Saludos

  • Me interesa tu opinión :)

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