Martes con mi viejo profesor

Publicado 22 diciembre, 2011 por Vanessa Puga


¿Cuáles son las lecciones verdaderamente durables en la memoria de los seres humanos? ¿De verdad tenemos que estar cerca de la muerte para cambiar el rumbo de nuestras vidas?

Mitch Albom contesta a éstas y otras preguntas en su libro autobiográfico Martes con mi viejo profesor, libro singular en el que narra su re-encuentro con su profesor consentido de la Universidad, tras 16 años de no verlo. El encuentro, por demás singular pues el azar es el encargado de volver a cruzar sus caminos, se da cuando el buen Morrie, ese profesor bailarín y animado que daba Sociología en la Universidad, enferma. Una enfermedad de las que nadie quiere: esas sentencias de muerte lenta y dolorosa, pero segura.

A partir del primer re-encuentro, el periodista de deportes adicto al trabajo que era Mitch se re-encuentra con su humanidad, sus dudas, sus sueños, al platicar cada martes con Morrie. Morrie, sin intentar ser un santo ni un profeta, narra desde su perspectiva lo que los humanos vivimos, con la reflexión inherente ante la inminente llegada de la muerte.

Es un libro que, sin rayar en lo melosamente cursi, deja muchas reflexiones al lector. Valioso para todos los que gusten de reflexionar respecto al rumbo que le están dando a su vida, sin ser un libro de autoayuda ni una oda enaltecida a un muerto.

Martes con mi viejo profesor

Mitch Albom

Editorial Océano exprés Maeva

2 comentarios el “Martes con mi viejo profesor

  • «El artista presenta al mundo una condición particular». Esta condición particular no es la de «¡Oh! El artista es más inteligente que los otros. O más creativo. O el artista está más loco». Sí; algo de eso habría, disperso y en desigual cantidad entre quienes se consideran artistas. Ahora la condición más curiosa de quien produce Arte no es ni la creatividad, ni la inteligencia, ni la locura. La condición más particular de un artista es «una alta tolerancia frente a lo que casi todos consideran siniestro». Alta tolerancia al dolor. Alta tolerancia a la desdicha. El artista «suele» ser desdichado. Ahora pues, nadie desea ser desdichado. Y como en general nadie se desea la desdicha, pues en general son pocos los artistas.

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