Por el polvo de sus bibliotecas los conoceréis, ¿o no?

Publicado 16 enero, 2012 por Vanessa Puga

 

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.”

John Ernst Steinback

Sí, sí, todos en shock porque el querido candidote (que no lo mismo que candidato) a la presidencia por parte del PRI, Enrique Peña Nieto, metió no una sino las dos patas en la FIL de Guadalajara al no poder nombrar tres libros que hubieran marcado su vida, lo cual ha dado de qué hablar a todos los mexicanos en las redes sociales. Podría mencionar el fenómeno que fue al convertirse en MEME y pasar desde burlas a un trending topic en Twitter que mágicamente desapareció (#LibreríaPeñaNieto) o el video en que Hitler despotrica (con unos subtítulos carentes de ortografía, dignos de ser pasados por las armas de las editoras en Kya) y una bella galería de imágenes “publicitarias” de la librería Gandhi (apócrifas, por supuesto).

También podríamos hablar de la reacción ante el desliz de Paulina Peña, hija del presidenciable, al retuitear a su novio llamando “prole” y “pendejos” a los que criticaban a su padre. Pero para hablar del fenómeno y la consternación real y de fondo que ello provoca ya se nos adelantó el filósofo Héctor Zagal con su “Carta a Paulina Peña Pretelini

Sin embargo mi consternación ante el evento va más allá de lo que las redes sociales han mencionado. Dice Juan Villoro, “en los países que no leen, los libros adquieren insólito prestigio; son como talismanes que otorgan un poder desconocido. El caso de Enrique Peña Nieto así lo muestra.” Hace poco me decía uno de los hombres más inteligentes que conozco que él lee poco pues en lo que va del año no ha leído más de 7 libros. Si consideramos que el promedio en México es de un libro por año, él ya se echó lo que correspondía a 7 mexicanos, lo cual es bastante.

Todo el mundo se ha indignado de que Peña Nieto no lee (o de que su equipo no tuvo el tino de darle unas tarjetitas con nombres de libros para salir bien parado en la FIL) y hasta salieron hashtags en Twitter del tipo #3Librosquetehanmarcado. Si bien como cibernauta me he entretenido con estos temas, como bibliófila me he indignado ante varias preguntas. ¿Tres libros que hayan marcado mi vida? ¿en qué momento? Un lector asiduo no puede contestar esa pregunta tan fácilmente: cada libro habla distinto dependiendo de mil factores alrededor de uno: estado emocional, edad, situación familiar, etcétera. Yo misma solía decir que no le encontraba sentido a tener una biblioteca que contuviera libros no literarios: ¿filosofía, ciencia, tratados de sociología? ¿para qué? ¡Claro! Era muy chica cuando dije semejante aberración. Cada momento de mi vida ha sido marcado por uno u otro libro. Además ¿en serio leer mucho te hace culto? ¿leer mucho te hace mejor persona?

El grave problema que tenemos en México es que muchos leen como acción, pero sin reacción. Me explico: los estudiantes (en la teoría, claro) deben leer bastante antes de concluir los estudios. Pensemos en un alumno universitario ¿cuántos libros en total debe leer completos (con o sin “cultura Xerox[1]” de por medio) antes de terminar una licenciatura? ¿y cuántos de esos libros realmente guarda en su memoria, así sea una frase? Leer, el acto de pasar los ojos por sobre las letras, uniéndolas en el cerebro en palabras y frases y dándoles sentido, cualquiera a quien se le haya enseñado lo hace. LEER como acto de reflexión, no cualquiera. En algún lugar leí que analfabeto no es quien no lee, sino quien no lleva a su vida diaria lo que lee. ¿Ustedes cómo procesan, con qué se comen las letras que leen día con día? ¿reflexionan sobre lo que leen o ya es un acto mecánico que no conlleva ningún tipo de reacción? Cuando no les gusta un texto, ¿simplemente se quedan en un “no me gustó” o pueden expresar las razones del por qué, los argumentos para validar el que no les agraden las ideas planteadas por el autor? ¿llegan a comentar sus lecturas con las personas que los rodean?

La crítica, como acto reflejo de la sociedad, como burla, ironía y despliegue de la picardía mexicana ha estado a la orden del día, pero ¿y la reflexión a conciencia?

Les pongo un ejemplo. México tuvo un presidente muy leído. Un presidente que era profesor de filosofía del Derecho, que recitaba a Heidegger y Hegel e incluso a Ovidio (en latín) sin trastabillar siquiera. Un presidente que escribió varios libros y que era, sin duda, gente de letras. También fue quien tuvo frases muy célebres como: “No pago para que me peguen” cuando le retiró los contratos de publicidad de Gobernación a la revista Proceso; “José Ramón es mi primogénito y el orgullo de mi nepotismo” al darle a su hijo el nombramiento de secretario de cierta dependencia de Gobierno y cómo olvidar (con ésta seguro adivinan de quién hablo) el tan sonado “Defenderé al peso como un perro”.

En efecto, López Portillo sí leía y no dudo en que reflexionara y procesara a conciencia –que no es lo mismo que “con” conciencia— las palabras que hilvanaban sus ojos. Sin embargo, eso no devino en un mejor gobierno para México. La cantidad de libros engullidos no desemboca forzosamente en la calidad de la persona que los haya devorado. No por mucho leer te haces mejor o peor persona. Decía Miguel de Unamuno, “entre más se lee, más daño hace lo que se lee”, yo creo que el daño viene de no leer reflexionando, no llevar a nuestro día a día lo que vemos. Recuerden que mirar no es lo mismo que observar. ¿Ustedes observan cuando leen?

Con todo esto intento decir que si bien fue un gran desliz el de Peña Nieto es sólo la punta de un iceberg de falta de lectura y reflexión crítica por parte del pueblo mexicano. Brincar y atacar es fácil; procesar, criticar y proponer es difícil. Como todo en esta vida, hablamos de algo multifactorial: la educación en casa, en la escuela, la sociedad de “castas” que rige nuestro país (y si no me creen, que Paulina Peña nos sirva de prueba física A) aunado a mil detalles más deviene en un país inculto y ante todo cero lector. Una sociedad criticona, mas no crítica. Una sociedad reaccionaria mas no proactiva. Debemos iniciar cambios pequeños desde nuestras trincheras. Como dijera un filósofo amigo mío “ser granitos de arena” para ir creando una sociedad que avance. De otro modo, por más libros que les embutan a los políticos mexicanos (o a los estudiantes, para el caso) seguirá siendo cierto aquello de que “la mona aunque se vista de seda…”

Texto publicado originalmente en el #34 “Entretenimiento” de diciembre 2011 de la Revista Kya!


[1] Dícese del arte de sacar fotocopias en vez de comprar los libros que piden los maestros, ya sea por economía o porque sólo se necesitan tal o cual capítulo de dicho libro.

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