Ser buena persona vs ser un líder débil

Publicado 3 junio, 2012 por Vanessa Puga

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero entre mis trajines estoy rezando por obtener empleo en cierta institución. En medio del proceso en el que me encuentro (de selección, pues) tuve una entrevista que me dejó perpleja, puesto que me encontraban 3 grandes defectos. Uno es mi CV que se ha ido salpicando de muchas actividades diversas. El segundo es confidencial por ser parte del proceso de reclutamiento. Pero el tercero… el tercero fue el que más me llamó la atención: soy demasiado buena persona.

Imaginen que les plantean una situación como “Usted es el piloto de un avión que se va a estrellar y a menos de que tire a 20 personas, 100 van a morir”. Perpleja ante el planteamiento (del tipo, no exacto a lo que les pongo), contesté que eso de tirar sin más a 20 personas no me parecía opción. Obviamente los tiraría con paracaídas. “Pero no hay paracaídas suficientes y debes aventar forzosamente a 20 o se mueren todos”. Bendito dilema ¿cómo decides a quiénes tiras? ¿Quién es uno para sentenciar a muerte a unos para salvar a otros? Con todo el debate moral en mi interior ante la situación hipotética y viendo el lío en que mi entrevistador me había metido, me dijo: “Te pregunto porque según las pruebas eres una persona tipo X, lo que significa que eres todo corazón. Si tus amigos te necesitan, ahí vas a estar. Lo das todo por los que te importan. Y temo que eso te imposibilite para tomar decisiones”.

Me costó trabajo mantenerme en una pieza, confieso, puesto que se me hizo que estaban confundiendo términos de una forma atroz. Digamos que sí, soy una buena persona, que sí lo doy todo por mis amigos y mi familia. Pero ser buena no equivale a ser débil o no poder ser líder. Y definitivamente no se puede saber cómo voy actuar en una situación de trabajo haciéndome una pregunta que apela a mi humanidad. No es lo mismo una cuestión de vida o muerte que una cuestión laboral de “tu post no se puede publicar”.

Si bien, modestia aparte, me considero alguien que se rige por un código de virtudes y que está dispuesta a hacer sacrificios por el bienestar de mis amigos y mi familia, eso nada tiene que ver con que sea una líder débil. He probado, con dos años de dirigir la revista Kya! que no me tiento el corazón cuando se trata de llevar por delante el bien mayor del proyecto.  Todo lo contrario, soy fría en mis decisiones (por mucho que me puedan costar trabajo o un par de quejas para con mis íntimos). Son dos planos distintos. Creo que mis lineamientos de trabajo acotados por virtudes, como la confianza, me hacen una líder capaz. Y el ser una buena líder no ser pelea con ser una persona ética.

Ahora, ¿por qué la gente allá fuera cree que sí? Ser bueno o tener corazón no equivale a ser blando o indeciso. ¿Es en serio necesario ser corrupto  e individualista para ser un buen líder? No, por supuesto que no. Por el contrario, si a mí mi Staff me sigue y se pone la camiseta es precisamente porque soy lo opuesto a alguien corrupto. Temo que no es tan obvio que el regirse por paradigmas basados en confianza o, como lo explicaba mi amigo, el filósofo y empresario Juan José Díaz, el paradigma de la Sinceridad, da más y mejores resultados que los sistemas que actualmente ganan más terreno. Pero no pierdo la esperanza: unos cuantos locos que creemos en estas ideas podemos contagiar a los que están a nuestro alrededor. La gente tendrá que entender que buen corazón no se pelea con liderazgo.

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