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Todas las entradas para el mes de 12 noviembre 2012

Mantenerse Creativo

Publicado 12 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

 

 

1. Make lists
2. Carry a Notebook everywhere
3. Try free writing
4. Get away from the computer
5. Quit beating yourself up
6. Take breaks
7. Sing in the shower
8. Drink coffee
9. Listen to new music
10. Be open
11. Surround yourself with creative people
12. Get feedback
13. Collaborate
14. Don’t give up
15. Practice
16. Allow yourself to make mistakes
17. Go somewhere new
18. Count your blessings
19. Get lots of rest
20. Take risks
21. Break the rules
22. Don’t force it
23. Read a page of the dictionary
24. Create a framework
25. Stop trying to be someone else’s perfect
26. Got an idea write it down
27. Clean your workspace
28. Have fun
29. Finish something

Vencer el estrés con buen ocio

Publicado 10 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Viene una confesión que, para los que me conocen bien no es sorprendente: soy muy aprehensiva. Me puedo estresar con facilidad y hace poco se lo comenté a mi novio “No sé relajarme”. Claro, cada que platico de mis problemas con los que me rodean (compañeros de la escuela, amigos, familia, mi pareja, compañeras del trabajo) la gran respuesta es “Debes aprender a relajarte” pero lo que nadie me decía era cómo. Ayer y hoy salió el tema con mi novio y me dijo algo muy simple “A mí me gusta ver videítos en YouTube para relajarme”. Le dije que temía perderme en ese vasto mundo donde hay cosas tan interesante y por eso lo evitaba.

Pero, siendo honestos, al ser madre de un pequeño de 6 años, Directora de una revista de Arte, Cultura y Entretenimiento, maestra de Creatividad en Kindergarden, estudiosa autodidacta, editora y mil cosas más que hago en mi día a día, hay momentos en que acabo no agotada sino lo que le sigue. Y no me malentiendan AMO todo lo que hago, pero me cansa. Pensar, una de las actividades que más hago (sin presumir) es muy cansado. Agréguenle a eso aguantarle el paso a 300 alumnos de entre 3 y 7 años más mi propio hijo y un novio gastrónomo filósofo por naturaleza… las horas del día no bastan para abarcar todo lo que desearía hacer.

Y hoy, estallé. Después de que mi pobre novio llevaba aguantándome el ritmo “olla exprés” con un continuo “Relájate” por más de tres semanas, la verdad es que acabé mal. Y él volvió a decirme “Pues hago cosas que me gustan como ver videos en YouTube, jugar Minecraft o leer”.

No tenía cabeza para leer (que suele ser mi medio de escape) y no tenía ganas de escribir porque andaba en un mood muy depresivo, así que en vez de cortarme las venas con galletas de animalitos y hacerme “marañas mentales” que en nada ayudan a relajarse sino que por el contrario alimentan el estrés, opté por irme a eso que tanto había evitado: YouTube.

Pues bien, ayer mi novio me platicó del Idea Channel en este buscador de videos, así que me fui directo a buscarlo. Desde ayer me había intrigado con su video “Is YouTube making us smarter?” así que decidí verlo:

Ups, perdí. Me pudo encantar el concepto de este canal de YouTube y, además de que me dejó pensando mil cosas (que les mandé por mail a estos chicos) me aventé una hora viendo videos de ellos. Llegué a éste sobre los Mashups:

Al verlo llamó mi atención este estúpido mashup que me hizo reír mucho:

Sí, ya se me había olvidado lo que me había hecho estallar. Mi mente estaba demasiado ocupada (y divertida) con las ideas que Idea Channel había despertado, la simpleza que el mashup brindaba y la tarea de recordar otras cosas que me han llamado la atención en YouTube y no me había dado el permiso de ver. Así que me fui a buscar RSAnimate, esos videos en los que te platican de cosas bien interesantes con dibujitos. El que ya me sabía de memoria era el de el Paradigma de la Educación, así que busqué otros nuevos. Di con éste que habla de la motivación (y me hizo pensar muy felizmente en mi equipo de trabajo en la revista):

Cuando acabé de verlo, me fui a buscar otro y otro y otro más hasta que me gruñó la panza. De repente se me habían escurrido dos horas y cacho viendo videos. Pero la verdad, en lugar de pensar “¡Qué pérdida de tiempo!” me sentí aliviada. Por primera vez en un buen rato estando a solas me sentí relajada. No que no haya podido tranquilizarme estando con mi novio o mis amigos, pero en el momento en que le daba un momento de ventaja a mi aprehensión ya en soledad, el estrés volvía.

La verdad es que es muy necesario el ocio. Y eso por supuesto que lo sé, lo sé de memoria. Pero el tiempo acelerado en que vivimos así como las necesidades económicas y el cumplimiento de diversos roles sociales de repente hacen que llevar de la teoría a la práctica las ideas sea complicado. Y nótese, soy una mujer que hace lo que ama para vivir y disfruta su día a día como no se imaginan. Sin embargo, todo en esta vida tiene límites, así como todo en esta vida tiene su momento. Por ello tener un rato de ocio diario es necesario, así como un rato con uno mismo, no para masticar los problemas sino para la verdadera introspección y resolución de cosas en la vida. El balance, ese punto medio del que los griegos nos hablaban hace siglos, sigue siendo una cosa difícil de encontrar. Quizá más dura de hallar hoy en día.

Quizá, si vieron todos los videos que puse arriba, podrían argumentar que no son realmente de ocio si despiertan preguntas, dudas, si me hacen pensar (bueno, salvo el mashup que es una llana tontería) e incluso podrían decirme como mi novio “Qué ocio tan estudioso” y estarán en lo correcto. Pero es un estudio de cosas a las que no me dedico en el día al día y simplemente disfruto porque son un rompimiento de mi rutina y de las circunstancias que en mi aprehensión pueden provocarme estrés.

Leer dejó de ser una forma de relajación para mí porque tengo que leer todo el día ya sea para preparar mis clases, para realizar mi tarea de la escuela, para editar o para contestar correos de la revista y del trabajo. Hay veces en que, cosa rara, ya me da flojera.  No sé si sea así para todo el mundo, pero creo que el ocio también tiene que ver con dejar de hacer lo que hacemos a diario. Es decir, yo disfruto mucho mi trabajo, y me declaro mujer de letras (así que leer me encanta) pero se ha hecho tan de mi día a día que de repente ya no sirve para relajarme. En cambio, ver videos probó ser no sólo una forma de tranquilizar mi mente y distraerme sino muy efectiva para combatir el estrés que me estaba carcomiendo. ¿Por qué dejé tanto tiempo sin sano ocio en mi haber? Porque ya no sabía ser ociosa.

Viviendo en una época alterada en que todo va a velocidad indecible y la memoria y la reflexión van perdiendo terreno, el darse tiempo para el ocio real, para enfocar la atención en una sola actividad que resulte relajante parece una tarea dura. Al menos para mí lo fue. Ya hallé un medio de escape y relajación.

Y ustedes ¿qué hacen para relajarse?

Bram Stoker y su doble desencuentro conmigo

Publicado 8 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Hoy es el 165º Aniversario de Bram Stoker y Google nos lo recuerda con un Doodle que en lo personal se me hace que resume muy bien la obra más conocida de dicho autor, Drácula.

Confieso que dicha novela no me encanta. Un amigo mío me describe como “clara hija del posmodernismo” y tiene mucha razón. Si bien he leído bastante literatura decimonónica (prácticamente toda por gusto, no por deber) ha sido poca la que realmente me ha calado y gustado o hasta inspirado. Uno de mis autores favoritos (que curiosamente dicho amigo no supo develar entre mis letras cuando me describió como posmodernista junior) es sin duda alguna Edgar Allan Poe.  Leer sus cuentos siempre me ha gustado, particularmente leerlos en idioma original.

Con el referente de que Stoker y Poe eran contemporáneos, la primera vez que leí Drácula lo hice pensando que me encantaría, como los cuentos de Poe. Leí muy rápido dos terceras partes del libro. Curiosamente, las cartas del principio que a varios de mis compañeros literatos de mis años de preparatoria (cuando leí por primera vez a Stoker) les parecieron tediosas y aburridas a mí se me hicieron fascinantes. Tal vez porque para mí las cartas siguen siendo un medio de expresión hermoso y entrañable. Sin embargo, al ir avanzando en la clara lucha del Bien contra el Mal que Stoker describe en su novela, había un algo que faltaba y me causaba incomodidad. Cuando acabé la novel, el final se me hizo tan precipitado que la clasifiqué en mi corolario de “coja” y lo mandé al olvido.

Con varios años de distancia, casi 10, reecnontré mi copia de Drácula entre mis libros y, recordando el disgusto al leerla pero no la razón, decidí retomarla. Yo soy fiel creyente de que los libros nos dicen cosas nuevas conforme dejamos tiempo entre los primeros diálogos que entablamos con sus páginas y  los siguientes diálogos tiempo después. No es que el libro cambie en general, por supuesto, sino que nuestro bagaje, nuestra forma de contemplar el mundo, nuestra mente van cambiando con los años y las experiencias que vamos experimentando. Por eso un mismo libro nos puede decir tantas cosas distintas. Fiel a mi creencia, re-abrí mi tomo de Stoker y re-viví la emoción vibrante de toda la primera parte, de la construcción de los personajes, la desesperación de Jonathan Harker al saberse atrapado en el castillo, la terrible persecución para salvar a Mina…  cada hoja que pasaba se me hacía más emocionante que la anterior. Pero llegué al final y ¡oh, desilusión! volví a sentir que Stoker me quedaba a deber con un final tan ipso facto tras una perfecta construcción que tomó mucho tiempo.

¿Es en serio malo Stoker? ¿o de plano mi cerebrito heredero del posmodernismo no da para más? Ni una ni otra. Stoker escribió una novela tan memorable que hoy hasta Google lo recuerda en su aniversario a más de un siglo y medio de haber nacido. Es sólo que mi bagaje cultural y las influencias de nuestros tiempos me tienen acostumbrada a embrollos que parecen más complicados de resolver. Incluso en educación la tendencia ya no es contar cuentos que tienen final feliz para los buenos y un castigo horrible para los malos, dejando claro a los niños que hay que portarse bien, sino que más bien tienden hacia el planteamiento de dilemas morales que dejen opciones abiertas y más espacio para reflexión, donde no hay respuestas ni buenas ni malas, sino acciones y consecuencia.  Stoker dibuja una lucha intensa del bien contra el mal donde claramente es el bien quien gana y deja al mal hecho añicos. Por ello en su época fue un libro muy aclamado. Sigue siendo un gran libro. Los tiempos son los que cambian. Tal vez yo sea muy exigente o demasiado enredada y no puedo vislumbrar un final tan fácil cuando la construcción previa fue complicada.

Pero también creo que aquí es a dos de tres caídas. No, no soy ni seré nunca de grandes influencias decimonónicas. Pero ello no implica que no me pueda empapar más de ellas y comprenderlas mejor (no forzosamente desde la Historia de la Literatura, ojo, sino más bien desde el entender el momento para sensibilizarse y tratar de sentir lo que los autores sentían). Viene una nueva oportunidad para Stoker, pero en esta ocasión lo que buscaré, y espero encontrar, son sus cuentos. Sí, la verdad los cuentos prácticamente sin importar la época de que vienen, me enamoran con facilidad. Tengo una gran debilidad por ellos. Y si Poe me conquistó con su narrativa en historias breves ¿quién me dice que Stoker no lo logrará también? Ya les contaré qué pasa.

La Narrativa

Publicado 7 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Tensai, mi novio, dice que tengo una memoria muy buena. muchas veces he creído que eso le parece porque él es un despiste y si no ha perdido la cabeza es porque la trae bien pegada a su cuello. Sin embargo, la verdadera razón de mi memoria detallada es el que siempre estoy escribiendo historias en mi cabeza. Solía decir que escribo desde que tengo memoria, aunque la realidad es que tengo memoria desde que escribo. En el instante en que me engolosiné leyendo novelas de aventuras a los 8 años supe que mi destino estaba en la narrativa, en contar aventuras, propias o ajenas, a través del fino arte de entretejer palabras para crear mundos coloridos y atrayentes ante los ojos de quien se atreviera a leerme. Es por ello que me sale bien verme desde otra óptica, como si yo narrara la vida de alguien más, y cuando recuerdo algo en realidad me lo cuento, como si lo estuviera leyendo.

Escribir siempre me ha servido de ejercicio: soy mejor con la palabra escrita que hablada. Cuando escribo, cuando narro, entiendo mejor mi entorno y lo que ocurre, mi vida y lo que en ella acontece, mis lecturas y lo que aprendo de ellas. Escribir, en narrativa, me desentraña el mundo al tiempo que yo me desentraño. Lo he intuido desde hace mucho tiempo, desde que escribo cartitas para mis seres queridos como medio fundamental de expresión, desde que alguna vez me reprocharon que para saber lo que pasa en mi mente hay que leerme (en cartas, cuadernos, blogs, tweets o cualquier medio similar), desde que escribo, punto. Y hace poco encontré esta explicación que más clara no pudo haber sido y comparto con ustedes:

“Si la vida humana tiene una forma, aunque sea fragmentaria, aunque sea misteriosa, esa forma es la narración: la vida humana se parece a una novela. Eso significa que el yo, que es dispersión y actividad, se constituye como una unidad de sentido para sí mismo en la temporalidad de una historia, de un relato. Y significa también que el tiempo se convierte en tiempo humano en la medida enq ue está organizado (dotado de sentido) al modo de un relato. Nuestra vida tiene una forma, la de una historia que se despliega. Por lo tanto, responder a la pregunta de quién somos implica una interpretación narrativa de nosotros mismos, implica una construcción de nosotros mismos en la unidad de una trama, y es análogo, por tanto, a la construcción de un personaje de novela. Por otra parte, sólo comprendemos quién es otra persona al comprender las narraciones que ella misma y otros nos hacen. Es como si la identidad de una persona, la forma de una vida humana concreta, el sentido de quién es y de lo que le pasa, sólo se hiciera tangible en su historia.

Si esto es así, la relación entre la narrativa y la comprensión es evidente […] La autocomprensión no se produce en una reflexión no mediada sobre sí mismo, sino en ese gigantesco hervidero de historias que es la cultura y en relación al cual organizamos nuestra propia experiencia (el sentido de lo que nos pasa) y de nuestra propia identidad (el sentido de quién somos)”

Jorge Larrosa, en la entrevista “Literatura, experiencia y formación” en La experiencia de la lectura: Estudios sobre literatura y formación.

Sigamos narrando, pues.

El dilema de la Formación (I)

Publicado 6 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

¿Formación, qué es eso?

Uno de los grandes dilemas del estudiante de Pedagogía es definir qué es formación. Puede sonar como tarea sencilla, empero resulta mucho más intrincado de lo que parece, porque ¿quién forma a quién? Y ¿para qué formar o formarse? ¿en algún  punto realmente podemos decir que un ser humano está “completamente formado”? ¿bajo qué parámetros?

De menos a mí me surgen muchas dudas al respecto. Y entre más leo ¡más dudo! No me desespero, que eso quede claro, pues en ningún momento he llegado a intuir que mi tarea sea fácil y menos mal porque si así fuera seguro me aburriría.

Hablar de formación es meterse en caminos complicados y retorcidos. Hay que ser muy cuidadoso. Antes que nada porque estamos hablando de seres humanos, no de objetos. Y si bien podemos hablar de generalidades, no podemos olvidar que “cada cabeza es un mundo”, por lo que en estos menesteres, no existen leyes inamovibles.

Dice Gilles Ferry que “formarse no puede ser más que un trabajo sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado a través de medios que se ofrecen o se procuran”. Es decir que es un trabajo individual que necesita del apoyo externo para llevarse a cabo plenamente: “La formación implica un trabajo del ser humano sobre sí mismo, sobre sus representaciones y sus conductas. Invade todos los dominios y a ser posible, es de forma permanente. Es la escuela a perpetuidad.”

Este último concepto, escuela a perpetuidad, me encanta: jamás terminamos de aprender. Podemos seguir creciendo en todos los aspectos de la vida: como pareja, en nuestra sexualidad, nuestra profesión, nuestra vida diaria. Cada minuto que pasa es otra oportunidad de aprender algo más.

El mejor ejemplo que se me puede ocurrir en este momento es en mi quehacer diario como madre. Me digo que estoy formando a mi hijo para hacerlo una persona de bien y en este trabajo diario e interminable, me voy formando como madre. Me hace pensar en Freire y su afirmación tan cierta: “el enseñar no existe sin el aprender”. Conforme voy enseñándole a mi hijo, voy aprendiendo cómo enseñarle. Mientras voy formándolo –ayudándolo a formarse de me hace más preciso- él, con su propio crecimiento me va ayudando a formarme, no como hija sino como madre.

Entonces podríamos concluir que la formación implica una actividad de reciprocidad y crecimiento  mutuo de dos partes: un maestro ayuda a sus alumnos como estudiantes y a través de este trabajo él se va formando como maestro. Y esto podríamos trasvolarlo a cualquier plano del quehacer humano. Es decir que para que exista formación, a pesar de ser un proceso individual, se requiere de un factor externo, un apoyo, para completarse.

Sin embargo, aquí viene una cuestión importante, una duda razonable: ¿siempre que A está  ayudando a B a formarse, A es afectado? Porque yo bien puedo estarme formando a través de mis lecturas y mi siempre insaciable curiosidad, mas los autores de mis lecturas nos e encuentran ni por error afectados por mi proceso formativo, a pesar de que me estén ayudando.  ¿O es que es forzosa la interacción personal APRA hablar de formación? Lo dudo mucho. Si así fuera, los autodidactas serían una utopía, un mito. ¿O es acaso que estudiar y formar son cosas parecidas pero no por ello incluyente la una de la otra? ¡Ah, eso empieza a sonar más coherente! Yo estudio, me preparo, trabajo por mi cuenta, pero no es hasta que me enfrento a mis maestros y compañeros de clase, no es hasta que comparto e interactúo con alguien más, que entro en un proceso real de formación.

Como dice de nueva cuenta Ferry “no se puede decir que la noción de formación tome todo su sentido sino cuando señala una acción reflexiva”. Y si bien uno puede ser de lo más reflexivo, vano queda el intento hasta que no lo exterioriza. Hasta que no lo comparte con alguien más.

Es así que llego a la primera idea-sugerencia: formar es el acto de propiciar un crecimiento personal en el ámbito que sea, de manera reflexionada e interiorizada a través del compartir dicha reflexión con otro ser humano. Es decir que para que el proceso de formación se cumpla, la interacción con otro ser humano es menester, de otra forma queda en simple estudio.

Al menos, eso es lo que hasta el momento puedo intuir. Pero no quedará completo este ciclo hasta que este ensayo no pase por revisión y tenga una respuesta a mi exteriorización de reflexiones, lo cual me ayudará a seguir formándome una idea de lo que “formación” significa.

Fuentes:

Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI

Ferry, Gilles. El trayecto de la formación.