Cultura desde pequeños

Publicado 4 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Hoy fui en compañía de mi novio y mi hijo a visitar el Museo Nacional de las Culturas Populares, ubicado en Coyoacán. Teníamos muchas ganas de ver ofrendas, porque este año no fuimos a la Mega Ofrenda de la UNAM. No es la primera vez que llevamos al pequeño G a un museo, la verdad es que él no los ve como algo horrible.

Aunque la visita fue muy enriquecedora, pues hallamos dulces, panes de muerto, artesanías, juguetes tradicionales, fotos, barricas de tequila pintadas, ofrendas y exvotos contemporáneos, no es mi intención enfocarme en esos detalles el día de hoy.  Me importa más hablar de lo que un taxista me dijo hoy “regalarle cultura a nuestros hijos”.

El museo parece uno de esos sitios a los que vamos sólo a la fuerza, porque dejaron tarea y eso significa copiar una cantidad insana de cédulas. Al menos es la mala idea popular a la que me he enfrentado cuando comento que mi hijo (de 6 años) está acostumbrado a deambular por los museos observando fotos, leyendo cédulas y viendo exposiciones. Ya he hablado de la magia de llevar a los niños a ver exposiciones de arte contemporáneo y cómo su visión es totalmente diferente a la nuestra en la Revista Kya!, hoy de lo que quiero hablar es de la experiencia de llevarlos a cualquier museo.

Nos quejamos de que cada vez hay menos interés por la cultura (cosa que me parece falsa, creo que lo que falta muchas veces es difusión, pero eso lo trataré en otro post) pero rara vez buscamos, como sociedad, ir a las exposiciones y acercarnos a conocer y aprender. No podemos esperar que el gusto por museos, teatro, conciertos y demás expresiones de la cultura que tenemos los seres humanos surja por generación espontánea: si no vamos acercando a nuestros niños desde pequeños no habrá forma más adelante, ¿o acaso es fácil arrastrar a un adolescente al museo más allá de las tareas? (sí, estoy generalizando, disculpen ustedes).

No me considero una mujer promedio ni me desenvuelvo con gente promedio: me gusta respirar ambientes culturales y pasar días en museos, en conciertos o en el teatro se me hace una delicia. Pero no es lo que les dirá el común de la gente. En realidad yo no fui tanto a museos de chica, pero es por ello que hoy en día procuro llevar a mi pequeño, que vea más allá de las cédulas y que disfrute lo que hay por el placer de conocer y abrir el horizonte. Además, a mí me gusta comentar con mi novio al salir de una exposición qué me gustó más o me llamó más la atención, entablando un diálogo de por qué equis o zeta pieza nos movió algo en el interior al verla. Aprender a ver el museo es, como todo en esta vida, cosa de práctica. El museo nos puede hablar mucho por sí sólo, pero yendo de la mano de alguien más se vuelve más enriquecedor.

Cuando me di cuenta de ello tenía 19 años. Me mandaron a ver una exposición de Dalí, surrealismo. Siendo poco docta en corrientes de arte, la idea de contemplar esos “cuadros tan raros” me causaba un poco de descontento. Sin embargo, en ese entonces el chico que salía conmigo era un pintor amateur muy fan de Dalí. Él me acompañó y me explicó cuadro por cuadro los detalles de la pictografía utilizada por Dalí, así como pedazos de su vida. Ello enriqueció mi mirada y los cuadros de Dalí dejaron de ser sólo unas cosas raras, para llegar incluso a inspirar alguno de mis cuentos.  Hoy mientras veíamos fotos de los altares en el panteón de Janitzio, iluminados por montones de velas, le explicamos a mi pequeño el por qué de las velas, de la espera, de la comida, el agua y demás. Entonces las ofrendas, las fotos, las tradiciones cobran un significado totalmente distinto para él y lo enriquecen, le dicen más de lo que le hubieran dicho en sí mismos.

Explicar los detalles de la ofrenda, como los vasos de agua, le dicen más que la ofrenda solita

Acompañar las visitas a museos con gente que conoce del tema siempre es bueno. O ir varios que no saben nada y compartir experiencias enriquece: cada quien intuye el arte de una forma distinta. Hacerlo como algo gozoso, como una aventura, es sin duda alguna la mejor forma de picar la curiosidad de los pequeños. Finalmente, los filósofos curiosos por excelencia son los niños. Lo mejor que podemos hacer para que en efecto sean más cultos es explotar esa curiosidad innata en ellos y acercarlos a los museos, al arte, a la cultura. Aprovechemos que hoy en día hay mucha tela de dónde cortar, miles de eventos y oportunidades a precios muy accesibles o gratis incluso. Si gustan, el dinero no es pretexto, acá pueden revisar la cartelera de CONACULTA de todos los eventos gratuitos. Atrévanse a aventurarse.

Si les pareció interesante les recomiendo leer a mi amigo Roy hablando de cómo se aventuran él y sus hijos en los museos o de la decisión que implica ir al museo en Heroísmo Agonizante 101

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