El dilema de la Formación (I)

Publicado 6 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

¿Formación, qué es eso?

Uno de los grandes dilemas del estudiante de Pedagogía es definir qué es formación. Puede sonar como tarea sencilla, empero resulta mucho más intrincado de lo que parece, porque ¿quién forma a quién? Y ¿para qué formar o formarse? ¿en algún  punto realmente podemos decir que un ser humano está “completamente formado”? ¿bajo qué parámetros?

De menos a mí me surgen muchas dudas al respecto. Y entre más leo ¡más dudo! No me desespero, que eso quede claro, pues en ningún momento he llegado a intuir que mi tarea sea fácil y menos mal porque si así fuera seguro me aburriría.

Hablar de formación es meterse en caminos complicados y retorcidos. Hay que ser muy cuidadoso. Antes que nada porque estamos hablando de seres humanos, no de objetos. Y si bien podemos hablar de generalidades, no podemos olvidar que “cada cabeza es un mundo”, por lo que en estos menesteres, no existen leyes inamovibles.

Dice Gilles Ferry que “formarse no puede ser más que un trabajo sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado y perseguido, realizado a través de medios que se ofrecen o se procuran”. Es decir que es un trabajo individual que necesita del apoyo externo para llevarse a cabo plenamente: “La formación implica un trabajo del ser humano sobre sí mismo, sobre sus representaciones y sus conductas. Invade todos los dominios y a ser posible, es de forma permanente. Es la escuela a perpetuidad.”

Este último concepto, escuela a perpetuidad, me encanta: jamás terminamos de aprender. Podemos seguir creciendo en todos los aspectos de la vida: como pareja, en nuestra sexualidad, nuestra profesión, nuestra vida diaria. Cada minuto que pasa es otra oportunidad de aprender algo más.

El mejor ejemplo que se me puede ocurrir en este momento es en mi quehacer diario como madre. Me digo que estoy formando a mi hijo para hacerlo una persona de bien y en este trabajo diario e interminable, me voy formando como madre. Me hace pensar en Freire y su afirmación tan cierta: “el enseñar no existe sin el aprender”. Conforme voy enseñándole a mi hijo, voy aprendiendo cómo enseñarle. Mientras voy formándolo –ayudándolo a formarse de me hace más preciso- él, con su propio crecimiento me va ayudando a formarme, no como hija sino como madre.

Entonces podríamos concluir que la formación implica una actividad de reciprocidad y crecimiento  mutuo de dos partes: un maestro ayuda a sus alumnos como estudiantes y a través de este trabajo él se va formando como maestro. Y esto podríamos trasvolarlo a cualquier plano del quehacer humano. Es decir que para que exista formación, a pesar de ser un proceso individual, se requiere de un factor externo, un apoyo, para completarse.

Sin embargo, aquí viene una cuestión importante, una duda razonable: ¿siempre que A está  ayudando a B a formarse, A es afectado? Porque yo bien puedo estarme formando a través de mis lecturas y mi siempre insaciable curiosidad, mas los autores de mis lecturas nos e encuentran ni por error afectados por mi proceso formativo, a pesar de que me estén ayudando.  ¿O es que es forzosa la interacción personal APRA hablar de formación? Lo dudo mucho. Si así fuera, los autodidactas serían una utopía, un mito. ¿O es acaso que estudiar y formar son cosas parecidas pero no por ello incluyente la una de la otra? ¡Ah, eso empieza a sonar más coherente! Yo estudio, me preparo, trabajo por mi cuenta, pero no es hasta que me enfrento a mis maestros y compañeros de clase, no es hasta que comparto e interactúo con alguien más, que entro en un proceso real de formación.

Como dice de nueva cuenta Ferry “no se puede decir que la noción de formación tome todo su sentido sino cuando señala una acción reflexiva”. Y si bien uno puede ser de lo más reflexivo, vano queda el intento hasta que no lo exterioriza. Hasta que no lo comparte con alguien más.

Es así que llego a la primera idea-sugerencia: formar es el acto de propiciar un crecimiento personal en el ámbito que sea, de manera reflexionada e interiorizada a través del compartir dicha reflexión con otro ser humano. Es decir que para que el proceso de formación se cumpla, la interacción con otro ser humano es menester, de otra forma queda en simple estudio.

Al menos, eso es lo que hasta el momento puedo intuir. Pero no quedará completo este ciclo hasta que este ensayo no pase por revisión y tenga una respuesta a mi exteriorización de reflexiones, lo cual me ayudará a seguir formándome una idea de lo que “formación” significa.

Fuentes:

Freire, Paulo. Cartas a quien pretende enseñar. Siglo XXI

Ferry, Gilles. El trayecto de la formación.

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