La Narrativa

Publicado 7 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Tensai, mi novio, dice que tengo una memoria muy buena. muchas veces he creído que eso le parece porque él es un despiste y si no ha perdido la cabeza es porque la trae bien pegada a su cuello. Sin embargo, la verdadera razón de mi memoria detallada es el que siempre estoy escribiendo historias en mi cabeza. Solía decir que escribo desde que tengo memoria, aunque la realidad es que tengo memoria desde que escribo. En el instante en que me engolosiné leyendo novelas de aventuras a los 8 años supe que mi destino estaba en la narrativa, en contar aventuras, propias o ajenas, a través del fino arte de entretejer palabras para crear mundos coloridos y atrayentes ante los ojos de quien se atreviera a leerme. Es por ello que me sale bien verme desde otra óptica, como si yo narrara la vida de alguien más, y cuando recuerdo algo en realidad me lo cuento, como si lo estuviera leyendo.

Escribir siempre me ha servido de ejercicio: soy mejor con la palabra escrita que hablada. Cuando escribo, cuando narro, entiendo mejor mi entorno y lo que ocurre, mi vida y lo que en ella acontece, mis lecturas y lo que aprendo de ellas. Escribir, en narrativa, me desentraña el mundo al tiempo que yo me desentraño. Lo he intuido desde hace mucho tiempo, desde que escribo cartitas para mis seres queridos como medio fundamental de expresión, desde que alguna vez me reprocharon que para saber lo que pasa en mi mente hay que leerme (en cartas, cuadernos, blogs, tweets o cualquier medio similar), desde que escribo, punto. Y hace poco encontré esta explicación que más clara no pudo haber sido y comparto con ustedes:

“Si la vida humana tiene una forma, aunque sea fragmentaria, aunque sea misteriosa, esa forma es la narración: la vida humana se parece a una novela. Eso significa que el yo, que es dispersión y actividad, se constituye como una unidad de sentido para sí mismo en la temporalidad de una historia, de un relato. Y significa también que el tiempo se convierte en tiempo humano en la medida enq ue está organizado (dotado de sentido) al modo de un relato. Nuestra vida tiene una forma, la de una historia que se despliega. Por lo tanto, responder a la pregunta de quién somos implica una interpretación narrativa de nosotros mismos, implica una construcción de nosotros mismos en la unidad de una trama, y es análogo, por tanto, a la construcción de un personaje de novela. Por otra parte, sólo comprendemos quién es otra persona al comprender las narraciones que ella misma y otros nos hacen. Es como si la identidad de una persona, la forma de una vida humana concreta, el sentido de quién es y de lo que le pasa, sólo se hiciera tangible en su historia.

Si esto es así, la relación entre la narrativa y la comprensión es evidente […] La autocomprensión no se produce en una reflexión no mediada sobre sí mismo, sino en ese gigantesco hervidero de historias que es la cultura y en relación al cual organizamos nuestra propia experiencia (el sentido de lo que nos pasa) y de nuestra propia identidad (el sentido de quién somos)”

Jorge Larrosa, en la entrevista “Literatura, experiencia y formación” en La experiencia de la lectura: Estudios sobre literatura y formación.

Sigamos narrando, pues.

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