Bram Stoker y su doble desencuentro conmigo

Publicado 8 noviembre, 2012 por Vanessa Puga

Hoy es el 165º Aniversario de Bram Stoker y Google nos lo recuerda con un Doodle que en lo personal se me hace que resume muy bien la obra más conocida de dicho autor, Drácula.

Confieso que dicha novela no me encanta. Un amigo mío me describe como “clara hija del posmodernismo” y tiene mucha razón. Si bien he leído bastante literatura decimonónica (prácticamente toda por gusto, no por deber) ha sido poca la que realmente me ha calado y gustado o hasta inspirado. Uno de mis autores favoritos (que curiosamente dicho amigo no supo develar entre mis letras cuando me describió como posmodernista junior) es sin duda alguna Edgar Allan Poe.  Leer sus cuentos siempre me ha gustado, particularmente leerlos en idioma original.

Con el referente de que Stoker y Poe eran contemporáneos, la primera vez que leí Drácula lo hice pensando que me encantaría, como los cuentos de Poe. Leí muy rápido dos terceras partes del libro. Curiosamente, las cartas del principio que a varios de mis compañeros literatos de mis años de preparatoria (cuando leí por primera vez a Stoker) les parecieron tediosas y aburridas a mí se me hicieron fascinantes. Tal vez porque para mí las cartas siguen siendo un medio de expresión hermoso y entrañable. Sin embargo, al ir avanzando en la clara lucha del Bien contra el Mal que Stoker describe en su novela, había un algo que faltaba y me causaba incomodidad. Cuando acabé la novel, el final se me hizo tan precipitado que la clasifiqué en mi corolario de “coja” y lo mandé al olvido.

Con varios años de distancia, casi 10, reecnontré mi copia de Drácula entre mis libros y, recordando el disgusto al leerla pero no la razón, decidí retomarla. Yo soy fiel creyente de que los libros nos dicen cosas nuevas conforme dejamos tiempo entre los primeros diálogos que entablamos con sus páginas y  los siguientes diálogos tiempo después. No es que el libro cambie en general, por supuesto, sino que nuestro bagaje, nuestra forma de contemplar el mundo, nuestra mente van cambiando con los años y las experiencias que vamos experimentando. Por eso un mismo libro nos puede decir tantas cosas distintas. Fiel a mi creencia, re-abrí mi tomo de Stoker y re-viví la emoción vibrante de toda la primera parte, de la construcción de los personajes, la desesperación de Jonathan Harker al saberse atrapado en el castillo, la terrible persecución para salvar a Mina…  cada hoja que pasaba se me hacía más emocionante que la anterior. Pero llegué al final y ¡oh, desilusión! volví a sentir que Stoker me quedaba a deber con un final tan ipso facto tras una perfecta construcción que tomó mucho tiempo.

¿Es en serio malo Stoker? ¿o de plano mi cerebrito heredero del posmodernismo no da para más? Ni una ni otra. Stoker escribió una novela tan memorable que hoy hasta Google lo recuerda en su aniversario a más de un siglo y medio de haber nacido. Es sólo que mi bagaje cultural y las influencias de nuestros tiempos me tienen acostumbrada a embrollos que parecen más complicados de resolver. Incluso en educación la tendencia ya no es contar cuentos que tienen final feliz para los buenos y un castigo horrible para los malos, dejando claro a los niños que hay que portarse bien, sino que más bien tienden hacia el planteamiento de dilemas morales que dejen opciones abiertas y más espacio para reflexión, donde no hay respuestas ni buenas ni malas, sino acciones y consecuencia.  Stoker dibuja una lucha intensa del bien contra el mal donde claramente es el bien quien gana y deja al mal hecho añicos. Por ello en su época fue un libro muy aclamado. Sigue siendo un gran libro. Los tiempos son los que cambian. Tal vez yo sea muy exigente o demasiado enredada y no puedo vislumbrar un final tan fácil cuando la construcción previa fue complicada.

Pero también creo que aquí es a dos de tres caídas. No, no soy ni seré nunca de grandes influencias decimonónicas. Pero ello no implica que no me pueda empapar más de ellas y comprenderlas mejor (no forzosamente desde la Historia de la Literatura, ojo, sino más bien desde el entender el momento para sensibilizarse y tratar de sentir lo que los autores sentían). Viene una nueva oportunidad para Stoker, pero en esta ocasión lo que buscaré, y espero encontrar, son sus cuentos. Sí, la verdad los cuentos prácticamente sin importar la época de que vienen, me enamoran con facilidad. Tengo una gran debilidad por ellos. Y si Poe me conquistó con su narrativa en historias breves ¿quién me dice que Stoker no lo logrará también? Ya les contaré qué pasa.

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