Libros que cambian la vida

Publicado 4 noviembre, 2013 por Vanessa Puga

Hoy vi una imagen que dice que escoger tus cinco libros favoritos es como decir las cinco partes del cuerpo de las que no puedes prescindir. Eso, aunado a un escrito de una querida amiga mía sobre los libros que les han cambiado la vida, me puso a pensar en mi Autobiografía lectora.

A lo largo de mis 29 años he leído varios libros, algunos pocos por obligación, la gran mayoría porque he querido. Esos libros, de una u otra forma, han influido en mi forma de ser. Así que acá va un listado de libros que me han cambiado la vida. Igual que aquella amiga mía, van sin son ni concierto u orden en particular.

1. Robinson Crusoe: La primera novela que leí en mi vida, a los 8 años. Fue mi introducción a la novela de aventuras y al gusto de leer por leer, por meterme en otros mundos y aislarme por un instante de la realidad. Intenté retomarlo años después y me asombré de mi curiosidad infantil que me llevó a leerlo completo, aunque me pregunto cuánto habré comprendido en su momento. La verdad, no lo he podido releer completo, pero fue mi puerta hacia la literatura.

2. The graveyard book. Neil Gaiman: Ese libro fue regalo de Navidad de hace años de alguien que yo quiero mucho. Cuando me lo dio me dijo “Te presento a tu próximo autor favorito”.  En efecto, el libro, su prosa, me cautivó. La historia de Nobody Owens se me hizo maravillosa y me tuvo atrapada por dos semanas. Por supuesto, fue una introducción maravillosa a Neil Gaiman.

3. American Gods. Neil Gaiman: Tras beberme el libro anterior, un amigo me prestó American Gods del mismo autor. Ahí vi lo espeluznante que puede ser la literatura fantástica. Gaiman se volvió un imperdible para mí en ese instante.

4. La Saga de Tinta. Cornelia Funke: La Fantasía es sin duda uno de mis géneros favoritos. Me habían recomendado mucho a la alemana Cornelia Funke. Leí “Corazón de TInta” con un poco de desgano al principio, pues simplemente no acababa de atraparme. Empero, a la mitad la historia de un lector que trae a la vida lo que lee consiguió al fin picarme. Funke construye mundos de Fantasía maravillosos, emocionando al lector como hacía mucho nadie me emocionaba: angustia, miedo, tristeza, sentí de todo leyendo sus libros. “Sangre de Tinta” y “Muerte de Tinta” me los devoré en menos de una semana. Y es que la buena literatura, para mí, es la que apela a las emociones. Y Funke sabe perfecto cómo hacerlo.

5 y 6. Momo y La historia interminable. Michael Ende. Un buen amigo mío alguna vez me dijo que era hija de Ende y que su influencia se notaba en mis letras de forma tangible. La verdad, si bien “Momo” es entrañable para mí y “La historia interminable” es una aventura imperdible, nunca me consideré fanática declarada de Ende, mucho menos lo consideré influencia para mis letras. Poniéndole un poco más de atención noté que en efecto, de alguna forma caló tanto en mí, que hacía mucha referencia a sus letras.

7. Cómo acercarse a la poesía. Ethel Krauze: Tuve que leerlo cuando estudié Ciencias de la Comunicación. La autobiografía escritora de Krauze se me hizo la forma más sensible y hermosa de explicar el valor de la poesía: esa cosa que yo misma a veces escribía sin entender por qué. Krauze me abrió una puerta a un mundo maravilloso y mágico en el que yo había caído por accidente y habitaba sin saber por qué.

8. Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa. La historia de amor a través de los años y del mundo narrada por el premio Nobel de Literatura de 2012 me transportó a las aventuras más insólitas sobre el mundo “real” que pudieran trazarse. Jamás pensé que la literatura de no fantasía pudiera emocionarme tanto hasta que di con este volumen.

9. Aura. Carlos Fuentes: El libro que alguna vez fuera prohibido para leer en secundaria fue para mí uno de los juegos de fantasía más maravillosos que pudieran existir. Sin embargo, por algún motivo supongo que por lo entrañable que se me hace) yo no poseo ningún ejemplar del mismo: siempre lo acabo regalando a alguien que no lo haya leído.

10. El mago desinventor. Marco Tulio Costa: Si hay un libro que debo haber leído más de 20 veces en mi vida, es éste. La fábula sobre por qué cuidar nuestro mundo escrita en 1989 sin la moralina que aleja a los niños de estos cuentos, se me sigue haciendo vigente. La historia de un mago que decide regalarme al mundo la desinvención de todo lo tecnológico y la pandilla de niños que lo descubren me fascinó tanto que varias veces traté (sin éxito) de redactar el guión para teatro. Cada que me fastidio del mundo, lo vuelvo a leer y vuelvo a creer en las posibilidades de la humanidad.

11. De la ceniza volverás. Ray Bradbury. Mi profesor de Creación Literaria y amigo Yamil Narchi no sé por qué motivo relacionaba mis letras con la Ciencia Ficción de Bradbury y me regaló dos libros de él: El hombre ilustrado (clásico de clásicos) y éste. La historia tétrica de una familia fantasmagórica que se reúne con sus parientes en Halloween me maravilló con su sinsetido de mundo etéreo. Cuando mis mundos se cierran, regreso a Bradbury y reencuentro la llave.

12. Donde el corazón te lleve. Susanna Tamaro: Libro obligatorio en la secundaria que me enamoró por su sensibilidad. Las cartas de una abuela moribunda a su nieta se me hicieron en mi adolescencia cuajadas de verdades. Cuando mi abuelita me pidió sugerencias de libros le presté éste sin dudarlo. Había una conexión entre los sentimientos de la protagonista y mi propia historia con mi abuelita (aunque mi abue no tuvo que criarme).

13. El Diosero. Ni recuerdo a su autor. Así fue el odio que a los 13 años este libro me provocó. Si hay un libro que leí odiándolo a cada página fue éste, de lectura obligatoria en primero de secundaria. A eso se refería Borges cuando dijo que leer es un verbo como amar: no puede obligarse a nadie a hacerlo. Creo que sólo porque ya llevaba unos cinco años de leer por gusto cuando llegué a este librito no me volví enemiga de la lectura. Pero en cuanto lo acabé lo exilié de mi librero para no revisarlo nunca jamás.

14. El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez. Confesión por la que muchos podrían lincharme: no me gustan los libros del Gabo. No puedo con ellos. Se me hacen pesados, odiosos, tediosos. Leí “Crónica de una muerte anunciada”, “El coronel no tiene quién le escriba” y empecé (sin éxito) “Cien años de soledad”: cada uno hacía que me cayera peor el buen Gabo. Y entonces cayó en mí, en un exilio caribeño donde el tiempo se deslizaba como tortuga, “El amor en los tiempos del cólera” y no lo pude soltar. Me redimió con este autor y me hizo recordar que también depende del momento del lector que las palabras le lleguen o no. Sigo sin ser fan, pero ya no se me hace pésimo.

15. Rayuela. Julio Cortázar. Cuando en sexto de prepa nos dijeron que eligiéramos entre García Márquez y Cortázar, obviamente me fui por Cortázar. No porque supiera quién era, sino porque yo le huía al otro como a la peste. No digo que haya entendido del todo a Cortázar, pero su mundo me cautivó, su forma doble de leer la novela, la decadencia del amor entre La Maga y Oliveira tenía una magia que mi yo adolescente presentía de forma egoísta que sólo yo podía entender. Releer Rayuela siempre me trae un recuerdo cómplice como si de verdad Cortázar lo hubiera escrito para que yo lo descifrara. Sé que me pueden tirar de a loca, pero así lo siento, y es de esos placeres egoístas que nadie me puede robar.

16. Historias del bosque. Un libro enorme, ilustrado, de cuentitos sobre animales del bosque, gnomos, hadas, duendes, dragones. Cada cuento podía leerse por separado o leerse todo en orden como una gran historia. Su magia en mi niñez llenó mi mente de magia y ahora que soy madre sigue siendo de mis consentidos.

17. Mañana en la batalla, piensa en mí. Javier Marías. Una novela gris sobre un hombre a quien se le muere la amante antes de consumar el acto. El marido está de viaje y en el cuarto contiguo duerme el hijo pequeño (dos, tres años) ¿Qué se hace en esos casos? La historia me cautivó por lo terrible que es el escenario de inicio. ¿La vida puede ser de verdad tan irónica?

18. Drácula. Bram Stoker. Lo he leído dos veces. Se me hace un gran libro… hasta que llegas al final. La construcción de la historia desde el punto de vista de varios involucrados, el ambiente de tensión que va creando Stoker… todo se va construyendo de forma sensacional… hasta que se cae en el desenlace. Me parece bien construido, pero mi yo posmoderno siente que al romanticismo de repente le falta un poquito más de acción.

19. La saga de Crepúsculo. Stephanie Meyer. Me impresiona cómo una autora puede destruir todos los paradigmas ya existentes sobre seres tan emblemáticos como los vampiros y los hombres lobo… y tener tanto éxito. Admítanlo: la mujer le dio al clavo. No es una joya literaria y sé que se ganó el odio de muchos en el mundo, pero la verdad es que es de esas personas que consiguen la fórmula que muchos autores matarían por conseguir: volverse millonario con unos cuantos libros. Es cultura pop y hay que conocerlo.

20. Harry Potter. J.K. Rowling. También es cultura pop, aunque más elaborado que la historia de los vampirines. Rowling es como la Cenicienta de los tiempos modernos para mí: de estar en bancarrota consigue que le publiquen el primero de los siete libros y ¡voilà! Sale de la pobreza y el anonimato. Yo crecí con sus libros y me encantaban porque me emocionaban. Eso sí, hay dos anotaciones inevitables: Harry Potter no es un héroe, es sólo un chico con suerte y buenas amistades (sin Hermoine y Ron lo hubieran matado en el primer libro) y ODIÉ con toda mi alma su reacción adolescente berrinchuda en todo el quinto libro. No más porque ya estaba muy avanzada en la saga no lo mandé a la goma por sus desplantes emo.

21. Paula. Isabel Allende. Allende es una de mis escritoras favoritas. “La casa de los espíritus” me gustó mucho, pero fue su carta que se volvió autobiografía escrita a su hija lo que me recordó que ella es una mujer como lo soy yo: con enojos, con emociones, con alegrías, con tristezas… una persona real en el mundo real. A veces como lectora olvido que los escritores fueron o son seres humanos y es lindo recordar que siguen siendo pobres mortales como yo, je.

Como ven, en mi lista hay de todo un poco. La verdad es que es raro que le haga el feo a algún libro, pero no leo por obligación y si el libro no me atrapa, lo dejo. Al fin y al cabo, leo por gusto. ¿Ustedes qué libros han amado u odiado y por qué?

Me interesa tu opinión :)

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