El recuento

Publicado 16 diciembre, 2013 por Vanessa Puga

Siempre ocurre que a finales del año uno empieza a hacer el recuento de lo que ha ocurrido, sopesando lo bueno y lo malo. Hoy desperté con muchas ideas en la cabeza y me di cuenta de que tengo mucho, muchísimo, por qué estar agradecida.

Tuve la oportunidad de charlar con Raquel Castro a quien le hice una entrevista que si bien era para Revista Kya por causas que no vale la pena mencionar acabó siendo publicada en este mismo espacio. A partir de ese punto, he intercambiado algunas ideas con Raquel, gran mujer, respecto al ámbito cultural en México. Y no todo han sido charlas súper sesudas, sino charlas de café de esas que se escurren sin que uno se dé cuenta de que el tiempo pasa. A la par he ido viendo cómo surgen proyectos de ella y del buen Alberto Chimal, siendo el más reciente un tumblr muy interesante: http://imaginacionmx.tumblr.com/. ¿Por qué les cuento esto? Bueno, Raquel no lo sabe pero me ha inspirado muchas cosas, como el retomar mis propias letras y terminar la novela que tengo en el tintero desde hace unos cuatro años. Ver cómo se ha movido este año ha sido un gran empuje para mí.

Empecé a dar clases en una escuela de Enfermería. En esta escuela impartí en este semestre Técnicas de Estudio, Redacción y Lectura. Resultó ser todo un reto. No tanto por la materia per se (que a mi parecer son como tres materias mezcladas en una sola), sino por el grupo con un rango de edades entre 15 y 25 años. El grupo puso a prueba no sólo mi capacidad como maestra sino como ser humano. Me recordaron lo importante que es escuchar y cuánto puedes ayudar a alguien con el simple hecho de estar y sonreír. Igualmente, fueron la comprobación de que eso que siempre dije que sería, maestra, es netamente mi vocación. Soy capaz de ponerme de cabeza enfrente de mi grupo con tal de hacerlos entender. La creatividad se me alebresta con tal de no ser tediosa. Y la mayor recompensa para mí ha sido sin duda el cariño de mis chicos. Las sorpresas que me dieron, desde una cartita, la confianza para contarme sus problemas, el prestarme sus libros favoritos, hasta festejarme mi cumpleaños con pastel, gelatina y toda la parafernalia me llenaron de emoción y de ganas para dedicarme a la docencia muchos años más.

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También este año impartí más talleres que nunca. Fue gracias a este sitio que los chicos de Cultura Colectiva dieron conmigo y me ofrecieron su espacio en el CC186 para impartir talleres de Redacción, Pensamiento Creativo y Creación Literaria. Estos talleres también implicaron un reto, puesto que mis talleres estaban diseñados para un estimado de 20 horas mínimo y lo que Cultura Colectiva me pidió fue reducirlos a 12 horas para dar 4 sesiones en un mes. Los talleres me sirvieron para notar mi capacidad de síntesis, para trabajar con grupos de diversos tamaños y para caer en la cuenta del bagaje cultural que me cargo. No me siento la persona más erudita del planeta, por el contrario, algo que me mueve mucho es la curiosidad porque existen muchos temas que me llaman la atención y de los que creo saber nada. Sin embargo, charlar con mis talleristas no sólo me hizo caer en cuenta de lo que sé, sino que arrojó luz sobre nuevos temas por descubrir. Los talleres me recordaron eso que tanto me gusta de la enseñanza: es un proceso de mutuo compartir. Como decía Einstein: “Todos somos ignorantes, el detalle es que ignoramos cosas distintas”. ¡Qué rico se trabaja al poner sobre la mesa diversos conocimientos y compartirlos! Bendito Dios, ya es un hecho que daré otros 4 talleres con Cultura Colectiva y que daré al menos uno con Moviteca. Yei!

Dar talleres me ha dado la oportunidad, también, de ir creando mis propios materiales de estudio, claro, con bibliografía incluida, citas y demás parafernalia académica. Ha sido un ejercicio de orden. Acomodar lo que he leído, seleccionar, pulir… hace poco me dijeron que eso es un trabajal, pero lo he hecho con tanto cariño que ni cuenta me había dado de lo mucho que tuve que invertir (tiempo, neuronas, lecturas) para hacerlos. Incluso me propusieron distribuir mis materiales de estudio y estoy considerando seriamente hacerlo por medio de este mismo sitio en 2014.

A través de mi curiosidad y mi proyecto de titulación, caí en el Diplomado de Estrategias para la Lectura impartido de marzo a diciembre de este año en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM por José Urriola y Aline de la Macorra. ¡Qué sabroso diplomado! Aprendí muchísimo, me surgieron miles de dudas (a mí me gusta más cuando me dejan con dudas y ganas de conocer más que cuando me quedo satisfecha con lo que me hayan dicho) y conocí a personas maravillosas, empezando por mis maestros y siguiendo con mis compañeros. El grupo fue de lo más variado: Brenda, diseñadora industrial y responsable de Moviteca; Carlos, teatrero; Carla y Santiago, ilustradores; Karla, pedagoga; Cecilia, bióloga que se dedica a la edición de libros de texto… Ese grupo se volvió mi oasis de los martes donde entre risas, bromas y el compartir nuestras experiencias aprendí cosas que ni me imaginaba que existían. El diplomado me ayudó no sólo con ideas para mi tesis sino para mis clases y, por supuesto, para la vida. Me abrió un abanico de posibilidades. Me quedo con grandes amistades (que por cierto también me ayudaron a salir avante tras el rompimiento con mi ex a mediados de año) y con una red de conocidos para proyectos futuros.

Justo hoy me tomé un café con José, mi profesor, quien me recalcaba eso: las redes sociales que se entretejen en estos espacios siempre son de valor. Miles de proyectos pueden surgir. Enseñanzas de vida, sin duda alguna. Y eso que él no sabe cuántas veces me ayudó el Diplomado a mantener mi cordura a mediados de este año. Carlos, por ejemplo, me compartió música, películas y palabras que me ayudaron a no caer en la tristeza. Karla me contuvo con sus abrazos. Los mismos José y Aline, cuando llegué en un par de ocasiones descorazonada, ya fuera por problemas con mis alumnos o por mi propio duelo, me apoyaron de tal forma que todo fluyó en paz. La verdad, saber que el diplomado concluyó me tiene un poco triste. Me va a hacer falta esa dosis de estrategias lectoras y amistad de cada martes.

Mi amada Revista Kya! creo que se llevó la peor parte este año pues la dejé de lado. Por fortuna, Héctor Chávez, el subdirector de la revista, siempre ha estado al pie del cañón, tanto para Kya! como para mí. Hemos creado ya un nuevo diseño y un nuevo cronograma para entrarle con ganas al 2014 y sacar un año brillante lleno de sorpresas y promoción al nuevo talento.

Eso sí, escribí bastante: volví a escribir un par de artículos para Kya!, participé casi medio año con Letroactivos  (proyecto al que espero poder regresar este 2014) y escribí dos posts para el @eudoxa. La verdad,me gusta mucho escribir y colaborar en diversos sitios. Aunque a veces implique andar a las carreras y exprimir mis neuronas.

Estoy en la recta final de la licenciatura de Pedagogía y con toda la intención de en cuanto termine mi tesis, aplicar a la Maestría en Lingüística. Estudiar es algo que me llena de emoción y, una vez en este camino, la verdad me cuesta trabajo imaginarme sin estar en algún tipo de estudio formal.

Fue el año de los libros. Desquité todos los libros que no había comprado en años. Tuve mucha suerte: en rifas me los ganaba, diversos profesores y amigos me regalaron varios libros, hallé muy buenas ofertas. Total que este año aumentó mi biblioteca de forma pasmosa y deliciosa. Mis amigos tienen razón, el día que me cambie de casa lo que va a costar más trabajo mover van a ser mis libros. En ese mismo tenor, este año me hicieron mi ex libris, después de tener años de desear uno, Alberto Peralta (autor de El Chilangonario) me hizo favor de diseñar la imagen que ahora estamparé al inicio de cada uno de mis bellos libros.

Ex Libris diseñado por Alberto Peralta

Ex Libris diseñado por Alberto Peralta

 

En la resaca de haber terminado una relación de casi 4 años y medio, reencontré amigos de antaño que se han dedicado a recoger los pedacitos de mi corazón y de mi ánimo y a pegarlos uno por uno para mantenerme en una pieza. Pero más que eso, me han ayudado a reencontrarme. Había muchas cosas que se perdieron en el camino de lo que francamente al final ya era una relación destructiva y tóxica, y en estos seis meses las he ido reencontrando y salvando. Entre cafecitos, cenas, salidas al cine, a comer, a cenar, encontré a amigos tan viejos que ya eran nuevos y entablé amistad con personas que antes eran tangenciales y ahora son entrañables. Retomé hábitos ya olvidados y descubrí que mi capacidad de amar y de confiar no se vieron socavadas por la pérdida, sino por el contrario, reforzadas. Muchas personas, como Mariana Orozco, la mente detrás de Sibariana, me sacudieron de formas impresionante con regaños y detalles que me recordaron que la vida sigue y que valgo mucho como persona. Y es que uno de repente se traga el discurso de que andar sin pareja es malo porque andar solo es terrible cuando, en realidad, uno nunca está solo: está consigo mismo. Y saber estar con uno es necesario y maravilloso. Además, estar en una relación donde ya no eres tú mismo está del nabo. Muchos me lo han dicho “vuelves a ser tú” y me han dicho cosas sobre mi ex que me han dejado pensando mucho. No porque me guste que le echen tierra a alguien (al final, si estuve con alguien tanto tiempo fue porque elegí estar con él) sino porque hay detalles que uno pierde de vista al estar en medio de la relación y que es bueno apuntar para que en el futuro no se sigan patrones malos.

Fue un año de lutos y pérdidas, con una racha de golpe tras golpe terrible. Todos mis cercanos se vieron afectados. 2013 fue un año de rompimientos severos. Pero me recordó que cada final es un nuevo principio. Si bien tuve momentos de mucha tristeza y hay aún momentos en que el ánimo decae, ha sido un año de reencuentro y de renacimiento. Podría quedarme únicamente en lo malo, pero prefiero voltear a ver lo bueno: las grandes bendiciones en mi vida y ante toda la pasión que me mueve.

Al final, el recuento me deja más cosas positivas que negativas. Mucho trabajo, mucho aprendizaje, muchas risas y reencuentros, un chamaco feliz y un recordatorio: son nuestras elecciones, no nuestras circunstancias, las que nos hacen ser quienes somos.

Agradezco a todos los que han sido parte de este turbulento 2013. Confío que 2014 nos dejará muchas más enseñanzas y bendiciones.

4 comentarios el “El recuento

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